Nacida en el año 1177 cuando los hombres empezaron a pedir tímidamente permiso a la naturaleza para construirla, Cuenca es una ciudad bella donde las haya, no en vano su casco antiguo está considerado como Patrimonio de la Humanidad.

Qué ver en Cuenca

Aunque el primer referente turísticos son las Casas Colgadas de Cuenca, lo cierto es que solamente son la punta del iceberg de esta encantadora ciudad. Construidas hace 600 años en el único espacio disponible al borde de las Hoces del río Huécar, en la actualidad solo quedan tres de las originales.

En la calle Alfonso VIII, una de las principales de Cuenca, podrás contemplar unas coloridas casas, que aunque originariamente eran de color blanco, en el siglo XVIII empezaron a pintarse de colores tan vivos como el azul, el rojo o el amarillo, por motivos que todavía se desconocen.

Estas divertidas casas de tan solo cuatro o cinco pisos de altura, son también conocidas como los “rascacielos de Cuenca“, ya que su fachada trasera se puede prolongar hasta diez o doce alturas, gracias a los caprichos de la geografía.

Y como no puede ser de otra manera en las ciudades medievales, tiene que haber un castillo, aunque en el caso de Cuenca solamente queda de él un arco y un muro que se ha convertido en un espectacular mirador desde el que se puede contemplar toda la ciudad.

Acércate hasta el Puente de San Pablo, en origen construido en piedra y derruido debido a los desprendimientos parciales del mismo durante doscientos años. Fue sustituido por uno de madera y de hierro en 1903 aunque todavía se pueden contemplar restos del original en los dos extremos del mismo.

Clima de Cuenca

Desde mayo hasta octubre Cuenca goza de un tiempo muy agradable, siendo los meses más templados los de julio y agosto. Sin ninguna duda este período es el mejor para hacer una visitar a esta ciudad. Se recomienda evitar los meses de enero y febrero ya que son los más fríos y desagradables, con una media de lluvia bastante elevada.

Gastronomía de Cuenca

La tradición culinaria de Cuenca es una auténtico tesoro que alberga ricos sabores como su famosa miel de Alcarria, sus carnes de caza, el queso manchego y por supuesto, el ajo. Con estos ingredientes se hacen platos tan típicos como el ajoarriero, un puré que sirve tanto para ensalzar el sabor de ciertos platos como el bacalao, como para consumirse como aperitivo con un poco de pan.

El morteruelo es un plato que data del siglo XI y que puede ser preparado de diferentes formas, de hecho, nunca vas a probar esta misma receta dos veces. Los zarajos, preparados con intestinos de cordero marinado y después fritos o asados, tienen un sabor de lo más característico que seguro te va a encantar.

Comprar en Cuenca

No puedes marcharte de Cuenca sin adquirir algo de su artesanía más tradicional como es la alfarería, en concreto su figura más famosa: el Toro Ibérico, cuya cabeza original se conserva en el Museo de Cuenca y que comenzó a fabricarse en el siglo VII aproximadamente. Por supuesto las Casas Colgadas también podrás comprarlas en forma de imanes, de reproducciones en miniatura, en abanicos, en platos, etc.

Además encontrarás magníficos tapices y alfombras fabricados a mano, así como artículos de cuero, de vidrio y de madera. En lo que respecta a productos gastronómicos, no dejes de comprar el alajú, el dulce más típico de este destino, o un rico resolí, un licor digestivo que se prepara a base de anís y de café.