El Puente de San Pablo es una obra impresionante y un sitio turístico muy atractivo. Su construcción inicial duró desde el año 1533 hasta el año 1589, fue elaborado en piedra para conectar el casco de la ciudad de Cuenca con el Convento de San Pablo, el cual es famoso por estar erguido sobre roca; sin embargo, ese puente se derrumbó luego de permanecer de pie por más de 350 años dando paso al que existe hoy en día.

La versión actual del puente fue inaugurado en el año 1903 y construida por los ingenieros José María Fuster y Tomás, y George H. Bartle. Está elaborado con madera y hierro de forma rectilínea a lo largo de 100 metros y manteniendo el estilo del antiguo puente. Desde él, se ofrecen las mejores vistas que puedas imaginar de las Casas Colgadas y del entorno natural.

Si te agrada sentir la adrenalina, este paseo turístico es ideal ya que muchos visitantes expresan que sienten un poco de vértigo al cruzar esta preciosa “pasarela”, puesto a que es difícil contener el susto cuando la brisa tambalea el puente un poco o si te decides mirar hacia abajo.  Asimismo, el recorrido de este puente se tiene como un plan ideal para parejas, novios o recién casados debido a que en sus pasamanos los enamorados tienen por tradición colgar candados para prometerse amor eterno.